Más de ocho de cada diez personas reconocen la importancia del
autocuidado para su bienestar. Sin embargo, solamente la mitad considera contar
con los conocimientos y las herramientas necesarias para practicarlo
adecuadamente.
Esta brecha adquiere especial relevancia en un entorno donde el 64% de
las personas busca y confía en información de salud disponible en internet,
mientras cerca del 30% reporta acudir al médico únicamente cuando sus síntomas
ya son graves, lo que reduce las posibilidades de prevención y atención
oportuna.
El reto, por tanto, no es solamente motivar a las personas a cuidar su
salud, sino facilitarles información clara, comprensible y basada en evidencia
para que puedan distinguir qué situaciones pueden manejar responsablemente, cuándo
requieren orientación del farmacéutico y en qué momento deben consultar al
médico.
La alfabetización en salud —la capacidad de acceder, comprender, evaluar
y aplicar información relacionada con la salud— es fundamental para tomar
mejores decisiones, identificar fuentes confiables y evitar recomendaciones
falsas, incompletas o inaplicables a la condición particular de cada persona.
"Hace 25 años, el autocuidado se percibía como una acción aislada.
Hoy sabemos que el autocuidado responsable no depende solo de las personas; el
conocimiento es el primer punto de partida. Las personas con mayores niveles de
alfabetización en salud están mejor preparadas para identificar cuándo un
síntoma puede manejarse mediante el autocuidado y reconocer cuándo es estrictamente
necesario acudir a un profesional o a un servicio de salud.", señala Juan
Thompson, Presidente Ejecutivo de ILAR.
Auto cuidarse también es
saber cuándo consultar
La Organización Mundial de la Salud define el autocuidado como la
capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover la
salud, prevenir enfermedades, mantener el bienestar y afrontar enfermedades y
discapacidades, con o sin el apoyo de un profesional de la salud.
Incluye hábitos como alimentarse adecuadamente, mantenerse físicamente
activo, descansar, manejar el estrés, cumplir controles preventivos, buscar
información confiable y utilizar correctamente los medicamentos de venta libre
cuando corresponde.
Pero el autocuidado no debe confundirse con bienestar ni con automedicación
inadecuada.
El bienestar comprende hábitos que contribuyen al equilibrio físico,
mental y emocional y forma parte del autocuidado, pero no lo abarca por
completo. El autocuidado también exige comprender información de salud,
reconocer riesgos, utilizar medicamentos responsablemente y saber cuándo
consultar.
Tampoco significa intentar resolver cualquier problema de salud por
cuenta propia. La auto prescripción inadecuada ocurre cuando se utilizan
medicamentos sin suficiente información o
criterio, se modifican las dosis, se combinan productos, se prolongan
tratamientos o se ignoran contraindicaciones y señales de alarma.
En la práctica, el autocuidado responsable supone cuatro decisiones:
1. Prevenir:
adoptar hábitos saludables, cumplir controles y reducir factores de riesgo.
2. Reconocer:
identificar síntomas comunes, cambios y señales que no deben ignorarse.
3. Actuar
correctamente: utilizar información confiable, leer las indicaciones y respetar
dosis, frecuencia y duración.
4. Consultar
a tiempo: buscar orientación cuando una situación supera lo que puede manejarse
responsablemente mediante el autocuidado.
“El autocuidado es la medicina más poderosa que usamos todos los días.
Son las decisiones que tomamos antes de enfermarnos: cómo comemos, cómo nos
movemos, cómo cuidamos nuestra salud mental, cómo prevenimos riesgos y cómo
utilizamos la información y los medicamentos de manera responsable. En pocas
palabras, es pasar de reaccionar ante la enfermedad a construir salud todos los
días”, explica la Dra. Astrid Díaz, Directora Médica para Centroamérica y el
Caribe, Bayer Consumer Health.
Tener acceso a la
información no garantiza comprenderla
Aunque el 90% de las personas afirma leer las etiquetas de los
medicamentos de venta libre, un 15% reconoce que no sigue las indicaciones
porque no comprende adecuadamente el contenido del inserto.
La falta de comprensión puede aumentar el riesgo de utilizar un
medicamento para una condición distinta de la indicada, exceder la dosis
recomendada, combinar productos sin orientación o prolongar su uso cuando el
síntoma requiere valoración profesional.
Por eso, la información de salud no solo debe estar disponible. También
debe ser comprensible, accesible y útil para la vida cotidiana.
Antes de utilizar un medicamento de venta libre, las personas deberían
poder responder preguntas básicas:
·
¿Está indicado para el síntoma que presento?
·
¿Comprendo la dosis, frecuencia y duración de uso?
·
¿Tengo alguna condición de salud que deba considerar?
·
¿Estoy utilizando otros medicamentos?
·
¿El síntoma persiste, empeora o se repite?
·
¿Existe alguna señal de alarma que requiera atención profesional?
Que un medicamento sea de venta libre no significa que pueda utilizarse
sin criterio, en cualquier dosis o durante tiempo indefinido.
El desafío de la
información digital
Buscadores, redes sociales, plataformas digitales y creadores de
contenido se han convertido en fuentes habituales de información sobre
síntomas, enfermedades y tratamientos.
Esta disponibilidad puede facilitar el acceso al conocimiento, pero
también expone a las personas a recomendaciones sin respaldo científico,
contenidos desactualizados, experiencias personales presentadas como soluciones
universales y mensajes cuyo principal propósito es promover una venta.
Antes de seguir una recomendación de salud publicada en internet,
conviene verificar:
·
Quién es responsable de la información.
·
Cuándo fue publicada o actualizada.
·
Qué fuentes científicas o sanitarias la respaldan.
·
Si diferencia una orientación general de una recomendación personal.
·
Si explica riesgos, advertencias y limitaciones.
·
Si existe un interés comercial detrás del contenido.
Las promesas de curas rápidas, resultados garantizados o soluciones
aplicables a todas las personas son señales que deben generar desconfianza.
Comprar medicamentos en
canales seguros también forma parte del autocuidado
El autocuidado responsable no termina en la elección y el uso adecuado
de un medicamento. También exige verificar su procedencia y adquirirlo
únicamente en farmacias y establecimientos autorizados.
Los medicamentos falsificados, adulterados, vencidos, re etiquetados o
comercializados ilegalmente pueden carecer del principio activo, contener
cantidades inferiores o superiores a las declaradas, incorporar sustancias
tóxicas o presentar contaminación microbiológica.
Estas alteraciones pueden provocar falta de efectividad, progresión o
descompensación de una enfermedad, intoxicaciones, daño hepático o renal y
resistencia antimicrobiana.³
La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente uno de
cada diez medicamentos analizados en países de ingresos bajos y medios es de
calidad subestándar o falsificado. La estimación se basa en el análisis
agregado de casi 50.000 muestras procedentes de 88 países y corresponde a una
tasa observada de falla cercana al 10,5%.³
Los precios inusualmente bajos, las promesas extraordinarias, la venta
mediante perfiles informales y la imposibilidad de verificar el registro,
fabricante, procedencia o establecimiento vendedor son señales de riesgo.
“La compra segura de medicamentos es un pilar fundamental del
autocuidado y de la protección de la salud pública. Adquirir productos en
canales informales expone a los pacientes a riesgos graves: desde la ineficacia
terapéutica hasta consecuencias fatales derivadas de medicamentos falsificados,
adulterados o de contrabando. Además del impacto sanitario, esta práctica
genera un fuerte impacto social y
económico: debilita la confianza en los sistemas de salud, fomenta la
competencia desleal, provoca pérdidas de empleos e ingresos tributarios y
afecta directamente a la sostenibilidad de la industria farmacéutica formal”, indica
Virginia González, Coordinadora del Comité Contra los Ilícitos de FEDEFARMA.
Decisiones sencillas para
un autocuidado más seguro
Bayer, la Federación Centroamericana y del Caribe de Laboratorios
Farmacéuticos (FEDEFARMA) y la Asociación Latinoamericana de Autocuidado
Responsable (ILAR) recomiendan:
1. Adoptar
hábitos preventivos y mantener controles periódicos.
2. Buscar
información en fuentes médicas, sanitarias o científicas confiables.
3. Leer las
etiquetas y respetar las indicaciones, dosis y advertencias.
4. Consultar
al médico o farmacéutico ante dudas, síntomas persistentes o señales de alarma.
5. Evitar
compartir medicamentos, reutilizar recetas o combinar productos sin
orientación.
6. Adquirir
medicamentos únicamente en farmacias y establecimientos autorizados. Desconfiar
de productos ofrecidos por canales informales o mediante promesas poco
realistas.
La principal brecha no es la falta de interés de las personas por cuidar
su salud, sino la falta de conocimientos, información y criterio para hacerlo
correctamente. El autocuidado responsable no significa enfrentar las
necesidades de salud en soledad: significa prevenir, actuar con información
confiable y reconocer cuándo es necesario pedir ayuda profesional.
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