La experiencia de Enlaza, filial del
Grupo Energía Bogotá, fue destacada por Naciones Unidas como una buena práctica
de relacionamiento con comunidades.
La construcción de infraestructura
energética implica mucho más que el desarrollo de obras. También requiere
escuchar a las comunidades, comprender las particularidades de los territorios
y establecer relaciones basadas en el diálogo, la confianza y el respeto de los
derechos humanos.
Esta visión fue reconocida por la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), que destacó la experiencia del Grupo
Energía Bogotá (GEB), a través de su filial Enlaza en Colombia, por sus buenas
prácticas de relacionamiento con comunidades étnicas.
El reconocimiento se fundamenta en una
experiencia que incluye más de 280 procesos de consulta y acuerdos alcanzados
con comunidades, mediante un modelo de relacionamiento que busca ir más allá
del cumplimiento de los requisitos legales y generar espacios de participación,
diálogo y construcción conjunta.
La experiencia fue incluida en un
informe del Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo
como un ejemplo de buenas prácticas en materia de participación y desarrollo.
Construir confianza más allá de un
proyecto
El modelo desarrollado por Enlaza parte
de una premisa, el relacionamiento con las comunidades no debe limitarse a los
momentos en que se requiere obtener una autorización o cumplir con un
procedimiento.
Se trata de construir relaciones
genuinas y permanentes, basadas en la escucha, el acceso a información clara y
comprensible y la búsqueda de acuerdos que respondan a las particularidades de
cada territorio.
Esta experiencia representa una
referencia para el Grupo Energía Bogotá y sus filiales, que han incorporado el
respeto por los derechos humanos y el desarrollo sostenible como elementos
fundamentales de su gestión.
En Guatemala, el modelo se convierte en
acción
Esta filosofía también se replica en
Guatemala a través de Conecta, filial del Grupo Energía Bogotá dedicada al
desarrollo de infraestructura de transmisión de energía eléctrica.
En el país, la compañía desarrolla sus
operaciones bajo un marco que integra el relacionamiento con las comunidades
con compromisos en materia de derechos humanos, sostenibilidad y desarrollo de
los territorios donde tiene presencia.
“Nuestra política interna de derechos
humanos es un compromiso tangible y una guía para la acción. Implementamos
mecanismos de debida diligencia y promovemos la diversidad, la inclusión y la
equidad en todas las facetas de nuestra operación. Estamos firmemente decididos
a ser un referente de buenas prácticas en el sector”, señala Rodrigo Ronquillo,
Gerente de Sostenibilidad y Relacionamiento de Coneta.
Este enfoque busca que los proyectos de
infraestructura energética se desarrollen respetando los derechos de las
personas y comunidades, identificando posibles impactos y promoviendo
mecanismos de prevención, mitigación y diálogo.
Sostenibilidad como parte de la
operación
A este compromiso se suma la Política de
Sostenibilidad, adoptada por el Grupo Energía Bogotá en 2019 y que desde
entonces orienta la gestión de sus operaciones.
El principio es que todas las
actividades de la organización se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad,
con especial énfasis en el respeto de los Derechos Humanos y en la contribución
al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Para Conecta, esto significa incorporar
la sostenibilidad como un componente transversal de su operación y no como una
actividad aislada. El objetivo es que la construcción y operación de
infraestructura de transmisión contribuya al desarrollo energético del país y,
al mismo tiempo, genere valor en los territorios donde se desarrollan los
proyectos.
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