El panorama de la
ciberseguridad evoluciona y cambia constantemente. Para ESET, compañía líder en detección proactiva de
amenazas, un ejemplo de ello es cómo la explotación de vulnerabilidades se
convirtió en la puerta de acceso predilecta de los cibercriminales para llevar
a cabo sus ataques a empresas según revela un reporte especializado
publicado recientemente.
Según el estudio, la
explotación de vulnerabilidades representa el “31% de los casos analizados”,
superando al phishing y al robo de credenciales que era el líder de la categoría en
2025.
Solo el 26% de las
vulnerabilidades críticas, incluidas en el catálogo de Vulnerabilidades Conocidas
Explotadas de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructura
(CISA), fueron corregidas por las organizaciones durante 2025.
“Si bien
este dato supone una baja respecto del año anterior, cuando se había registrado
un 38%, sigue dando cuenta de que las organizaciones tienen dificultades para
mantener el ritmo de parcheo frente al volumen creciente de vulnerabilidades
críticas”, destaca
Mario Micucci, investigador de Ciberseguridad de ESET Latinoamérica.
A su vez, el informe
detalla que una empresa actualmente demora, en promedio, 43 días para lograr
una resolución completa tras un ataque; casi dos semanas más que lo que se
calculaba el año anterior. Según ESET, esto se debe a que los ciberatacantes
están aprovechando cada vez más las fallas técnicas sin corregir, incluso por
encima de técnicas históricas como el phishing o el robo de contraseñas.
La
explotación de vulnerabilidades, una tendencia que se confirma
En 2024, el Data Breach
Investigations Report de Verizon afirmaba que se ingresaba a la Era de las
Vulnerabilidades, principalmente por el crecimiento en la variedad de acciones de
explotación registrado, señalando que los ataques que involucraban este vector
se habían triplicado respecto de 2023.
En 2022 ya se había
registrado un récord histórico, con 25.226 vulnerabilidades reportadas en distintos
productos y fabricantes, lo que representaba un crecimiento de 26,5% respecto
al año previo. Esa marca se batió en 2023, cuando el reporte de
vulnerabilidades alcanzó niveles históricos: 29.065 vulnerabilidades, un 15%
más de las reportadas en 2022.
Lo que ESET analiza en el
reporte actual confirma que ya no se habla de una simple tendencia, sino de una
realidad.
La IA
como pieza clave de esta realidad
El informe de Verizon marca
a la Inteligencia Artificial como una pieza clave de este nuevo escenario y
señala que el 32% de las técnicas de acceso inicial asistidas por IA se
relacionaron con la explotación de vulnerabilidades.
Lo cierto es que las
herramientas de IA permiten, por ejemplo, la creación de exploits
y malware, el análisis de posibles objetivos, la adaptación de código, el
cambio entre lenguajes de programación y la investigación de nuevas fallas.
“Este
nivel de automatización y optimización de tiempos que logra el cibercrimen con
la Inteligencia Artificial acrecienta las dificultades que evidencian las
organizaciones actualmente para corregir vulnerabilidades. La conclusión es
clara: si bien la IA no cambió las reglas del juego, sí está acelerando ciertos
procesos y dinámicas en detrimento de las organizaciones”, determina Micucci de ESET.
Existen diversas acciones
preventivas, según ESET, que pueden reducir sensiblemente el riesgo de ser
víctima de una explotación de vulnerabilidades:
- Priorizar las actualizaciones y parches
de seguridad.
- Mantener inventariados sistemas
operativos, aplicaciones y software expuesto.
- Monitorear activamente nuevas
vulnerabilidades y amenazas.
- Evitar que los usuarios trabajen con
permisos de administrador cuando no sea necesario.
- Capacitar al personal para detectar
correos maliciosos y archivos sospechosos.
- Implementar una solución de seguridad que identifique
activamente las vulnerabilidades en los sistemas operativos y aplicaciones
más comunes, y coloque parches en todos los endpoints de la red.
“En este
nuevo contexto, donde las vulnerabilidades crecen año tras año y los tiempos de
remediación siguen siendo elevados, la gestión de parches y la visibilidad
sobre los activos expuestos dejaron de ser tareas operativas secundarias para
convertirse en componentes críticos de la estrategia de ciberseguridad”,
concluye el investigador de ESET Latinoamérica.
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